Estoy de acuerdo con el interesante post en LinkedIn de Jacopo Perfetti, de Prompt Design, que sostiene que hoy en día prácticamente no existe ninguna tarea escolar o examen - redacción, resumen, análisis, traducción de textos, resolución de problemas, cálculos matemáticos - que una herramienta de inteligencia artificial generativa, como ChatGPT, no sea capaz de realizar en pocos segundos. Y a menudo, incluso las herramientas de detección de plagio no logran distinguir entre un texto escrito por un estudiante y uno generado por inteligencia artificial. Pero la solución no es prohibir el uso de la IA en la escuela. Docentes y educadores deberán repensar los criterios de evaluación: ya no el “producto final”, sino el proceso que llevó a ese resultado: En el mundo que les espera, lo que realmente contará no será la tarea bien hecha, sino la conciencia del proceso y la profundidad del razonamiento, competencias que, al menos por ahora, la inteligencia artificial solo puede imitar, pero no poseer.

