La Ohio State University evita tanto una adopción acrítica como un enfoque basado exclusivamente en prohibiciones y controles.

La IA generativa es ya parte del entorno en el que estudiantes y docentes estudian, trabajan y producen contenidos. Puede utilizarse para crear borradores y esquemas, resumir textos complejos, apoyar la escritura y el aprendizaje lingüístico, generar código y medios o favorecer actividades de brainstorming. Al mismo tiempo, puede producir información errónea, citas inventadas, contenidos distorsionados por sesgos y textos que parecen autorizados aunque no lo sean.
La Ohio State sugiere partir siempre de los objetivos de aprendizaje: la IA debería introducirse solo cuando contribuya realmente al desarrollo de las competencias previstas en el curso. Puede convertirse, por ejemplo, en un objeto a analizar críticamente: los estudiantes pueden verificar fuentes generadas por IA, comparar resúmenes automáticos con los humanos, identificar errores o sesgos y evaluar la calidad de las respuestas.
Otro principio central es la transparencia. Los docentes deberían aclarar desde el principio cuándo y cómo se puede utilizar la IA, definir criterios explícitos para actividades y evaluaciones y discutir con los estudiantes también los aspectos éticos, de privacidad, seguridad y accesibilidad.
Particularmente interesante es el enfoque de la integridad académica. La universidad advierte de no confiar simplemente en la prohibición de la IA o en los programas de detección automática, que pueden producir falsos positivos y crear problemas de equidad, inclusión y accesibilidad. Propone en cambio repensar las actividades didácticas, privilegiando tareas auténticas, reflexión personal, metacognición, evaluación del proceso además del producto y actividades conectadas a situaciones reales.
La Ohio State ha iniciado además en 2025 una AI Fluency Initiative, con el objetivo de integrar progresivamente la competencia en el uso de la IA en los itinerarios universitarios. Por “AI fluency” entiende la capacidad de comprender, evaluar y utilizar la inteligencia artificial de manera eficaz, responsable y éticamente consciente, también en relación con la propia disciplina.
El mensaje que surge de la guía es, por lo tanto, que la cuestión no es simplemente decidir si “permitir o prohibir ChatGPT”, sino enseñar a los estudiantes a utilizar la IA con sentido crítico, verificando sus resultados, comprendiendo sus límites y asumiendo la responsabilidad de sus propias elecciones.